No importa cuántas veces la visites, Nueva York siempre te sorprende: los Claustros del MET

December 2, 2018

Ya fui varias veces a Nueva York, así que cuando se planteó la posibilidad de un nuevo viaje lo primero que hice fue investigar lugares secretos y desconocidos de la ciudad. Y así es como descubrí esta maravilla en el norte de Manhattan: la colección de arte medieval del Museo Metropolitano de Nueva York, los famosos Claustros del MET - TheCloisters.

 

Los Claustros del MTE es el único museo de los Estados Unidos dedicado exclusivamente al arte y la arquitectura de la Edad Media. El complejo, que alberga un museo y los jardines, debe su nombre a cinco claustros medievales europeos, desmontados y vueltos a montar en Nueva York entre 1934 y 1938, a partir de los cuales se construyó el museo: cuatro claustros de las abadías francesas de Saint-Michel-de-Cuxa, Bonnefont-en-Comminges, el convento de Trie-sur-Baïse y el monasterio benedictino de Saint-Guilhem-le-Désert; y el ábside de la iglesia de San Martín de Fuentidueña, de la provincia de Segovia de España. La colección posee más de cinco mil obras de entre los siglos IX y XV.

 

George Grey Barnard (1863-1938), escultor y coleccionista de arte medieval había vivido varios años en Francia, cerca de Fointainebleau, donde compartía su afición coleccionista con su trabajo de tasador de obras de arte. En vísperas de la Primera Guerra Mundial regresó a Estados Unidos y abrió un museo  en 1914 para su colección de arte medieval. Años después tuvo que vender la colección por motivos económicos y es así como Rockefeller aportó, en 1924, los fondos que permitieron al MET adquirir el museo y sus colecciones, además de cuarenta obras de arte medieval propias. En 1927, el MET resolvió que se necesitaba un edificio más grande y Rockefeller se ofreció a financiar la transformación de 66,5 acres de tierra al norte del museo de Barnard en un parque público, hoy Fort Tryon Park, con el nuevo Cloisters como atracción principal. Para garantizar la belleza de este emplazamiento, Rockefeller donó terrenos adicionales al estado de Nueva Jersey para que se incorporen al Palisades Park, en la margen opuesta del río Hudson.

 

Los Claustros se encuentran en Washington Heights, al norte de Manhattan en Fort Tyron Park. Para llegar yo me fui en metro pues está un poco lejos del centro. Tomé la línea azul A hasta la parada 190th St. The Cloisters, que utilizando un antiguo ascensor sale a Margaret Corbin Square, lugar en el que comienza el Parque Fort Tryon. El museo se encuentra en este parque, para lo cual hice un paseo de unos diez minutos, con unas vistas muy bonitas del río Hudson. También se puede tomar el autobús M4 hacia el norte y hasta la parada siguiente. La entrada puede ser la misma que la del MET, si visitas los dos museos el mismo día (y lo mismo sucede con la New York Pass y tarjetas similares).

 

 

Mi recorrido

 

Cuando me fui acercando me encontré con una típica torre medieval (no es original) que dando paso al edificio del museo te da la sensación de que te has transportado desde el moderno Nueva York hasta cualquier rincón de Europa. Les contaré rápidamente mi recorrido mencionando sólo algunas de las obras que llamaron mi atención para que se hagan una idea, pero desde ya les digo que el lugar es maravilloso, lleno de obras de arte, y bien vale la pena dedicarle toda una mañana.

 

 

Capilla de San Martín de Fuentidueña (Segovia, España)

Nos encontramos primero con la Sala Románica,  con unos frescos traídos del Monasterio benedictino de San Pedro de Arlanza, cerca de Burgos en España, que datan del 1220. Desde allí se accede a esta hermosa Capilla. En el año 1954 y tras largas conversaciones con el gobierno español, llegó al museo una de las mayores joyas de la colección: El ábside de la iglesia de San Martín de Fuentidueña, una iglesia románica de 1175-1200, de la provincia de Segovia y que estaba en ruinas.

 

 

El fresco que podemos observar en la cúpula de este ábside no es de Fuentidueña, sino que es de la iglesia española de Sant Joan de Tredó en el Valle de Arán, en medio del Pirineo leridano, y se estima que fue pintado entre 1130 y 1150. Estaba situado en una iglesia que en el siglo XII estuvo controlada por los mismísimos caballeros templarios y que fue saqueada y destruida en la guerra civil.

 

 

En el centro de la capilla, colgando del techo, un Cristo en madera pintada a mediados del siglo XII, representado a la manera de la época, triunfante sobre la muerte con los ojos abiertos y llevando la corona de oro de Rey de los Cielos, sobre una cruz de pino decorada también por detrás, señal de que estaría colgada en un lugar accesible desde ambos lados.

 

Muchas obras se encuentran en esta sala, como un portal realizado en mármol de carrara procedente de la Toscana italiana, de la Iglesia de San Leonardo al Frigido, cerca de Massa-Carrara.

 

 

Me gustó mucho una Adoración con sólo dos reyes magos en piedra extraída de la Iglesia de Nuestra Señora de la Llana en Cerezo de Riotirón (Burgos). Falta un rey mago y San José está durmiendo un rato.

 

 

Claustro de Saint- Guilhem-Le Désert (Francia)

Desde la sala del Románica también se accede al primero de los claustros a partir de los cuales se construyó el museo. Es un bonito claustro construido en el s. XII procede de una iglesia benedictina fundada en 804 por San Guillermo, Duque de Aquitania, que luchó contra los musulmanes, y que por la fama de guerrero y santo de su protagonista, se convirtió en parada habitual de los peregrinos de Santiago de Compostela. En 1906, George Grey Barnard compró hasta 140 piezas del claustro para poder exponerlas en lo que sería su Museo del Medievo, incluyendo las columnas y capiteles que se encontraban desmontadas en el jardín de una casa particular.

 

 

Capilla Langon

Volvemos a la sala del Románico para acceder a la Capilla Langon. Nos encontramos primero con una maravillosa puerta de 1250 de la Abadía de Moutiers-Saint-Jean, cerca de Dijon, y cuyas piezas fueron recuperadas de una granja.

 

 

La Capilla Langon, de 1126, pertenecía a la Iglesia de Notre-Dame du Bourg, en Langon, cerca de Bourdeaux. Podemos leer en la información que suministra el Museo que fue reconstruida después de recuperarla (aparentemente la utilizaban para labores agrícolas como secadero), siendo las piezas originales únicamente las de la derecha.

 

Claustro de Saint-Michel-de-Cuxa (Rousillon, Francia)

Llegamos ahora uno de los claustros principales del museo, a partir del cual se construyó el museo, en particular la torre que es una réplica de la de este monasterio francés. Es el claustro que ocupa la portada de este artículo.

 

 

Pertenecía a un monasterio benedictino fundado en 878, aunque el claustro se construyó en el siglo XII. Después de la Revolución francesa, la abadía desapareció y sus edificios fueron vendidos, instalándose en ellos naves industriales y agrícolas, incluyendo el claustro y sus capiteles, a los anticuarios y a los amantes del coleccionismo, por lo que se dispersó. En 1913, Barnard, el fundador del museo, que ya había comprado algunas esculturas de Cuixá a un anticuario parisino adquiere muchas de las piezas, capiteles y columnas que se hallaban diseminadas por el país, pero no todas, por eso su tamaño es sensiblemente inferior al original. Los capiteles de mármol de las columnas son una hermosa muestra del arte medieval y merece la pena detenerse frente a ellos porque todos son diferentes.

 

Cuando recorres el claustro te consigues más obras de arte maravillosas. Dos fueron las que hicieran que me detuviera a admirarlas con calma. La Puerta de la Iglesia de San Vicente Mártir de Frías (Segovia), parcialmente destruida en 1879 cuando cayó la torre de la iglesia. Ahora, ochenta piezas de la puerta están aquí, incluyendo cabezas humanas, animales, escenas moralizantes y bíblicas.

 

 

 

Salas y Capillas Góticas

Llegamos ahora a las salas dedicadas al gótico, de los siglos XIII y XIV, con obras provenientes casi todas de Francia, principalmente esculturas de la Virgen y valiosos vitrales, como los de la Christ Church Cathedral de Canterbury, en Inglaterra del siglo XII.  Pero lo que más destaca a mi modo de ver es la Capilla donde se guardan algunas sepulturas de caballeros franceses y españoles y estatuas de los siglos XIII y XIV (muchas de ellas procedentes de Cataluña), acompañadas por vidrieras austriacas que le dan ambiente al escenario.

 

 

Claustro de Bonnefont y Claustro de Trie

Atravesando ahora la Galería de las Vidrieras y la Sala del Tesoro, que conserva lo más valioso de la colección, objetos del siglo IX al XVI como joyas, pinturas, manuscritos, vestimentas y textiles, llegamos a los dos claustros que nos faltaban por visitar.

El Claustro de Bonnefont es de finales del XIII o principios del XIV y procede de la Abadía Cisterciense de Bonnefont en Comminges. Durante la Revolución francesa se quemaron los archivos de esta Abadía, que fue demolida poco después. Los numerosos capiteles que conforman el Claustro proceden de varias donaciones y compras a diferentes propietarios de los originales repartidos a lo largo del tiempo.

 

 

Pared con pared se sitúa el Claustro de Trie, ya del siglo XV, procedente del Convento Carmelita de Trie en Bigorre (cerca de Toulousse).

 

 

Sala de los Tapices

Se conservan dos valiosas y famosas colecciones de tapices. En primer lugar, los 5 tapices supervivientes de la serie denominada “De los 9 héroes”, del s. XV, que reunían valentía, honor y sabiduría, los ideales del caballero medieval. Pero la más famosa colección de tapices del museo es la dedicada al Unicornio. Se trata de una serie de siete tapices que cuenta la caza y muerte de un unicornio, así como su resurrección. Los Tapices del Unicornio no son sólo valiosos por su calidad, su edad o sus vívidos colores sino también por la gran cantidad de especies vegetales y animales que recogen cada uno de ellos, propios de la época.

 

 

Los jardines

Los Claustros del MET también son conocidos por sus tres jardines, el Judy Black Garden, el del centro del Claustra de Cuxa, y los jardines de los Claustros de Bonnefont y de Trie. Desde la apertura del museo fueron diseñados como otra exhibición en sí misma, a fin de enriquecer el conocimiento de los visitantes sobre la Edad Media. Por lo tanto, se diseñaron verdaderos jardines medievales, con las plantas y la ornamentación propia de la época, para lo cual se utilizaron más de 250 especies de plantas documentadas en fuentes medievales. En el caso específico del Claustro de Trie, se utilizaron las especies vegetales descritas en los tapices de la Caza del Unicornio a los que me referí anteriormente.

 

 

Y paseando por los jardines terminé mi visita. Quedé gratamente sorprendida. Faltan muchas fotos que tomé de las muchas obras que guarda la colección y que harían demasiado largo este post. Pero si eres un amante de las obras de arte medievales, no puedes dejar de ir para sorprenderte como yo, que en medio de tanta modernidad se escondan tantos tesoros. Desde entonces cada vez que alguien me dice que va a viajar a Nueva york le digo: ...vete a los Claustros, ¡son sensacionales!

 

 

 

 

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