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En contacto con la naturaleza: vamos a visitar los árboles emblemáticos de Caracas


Mientras recorríamos Caracas, tuvimos la suerte de encontrarnos con sus árboles más famosos y antiguos, reseñados por pintores y poetas, así que se me ocurrió presentarselos. Los árboles antiguos siempre me ha parecido que guardan un misterio y una esencia especial, aguantando el paso del tiempo, testigos silenciosos de la historia.


El Samán de La Trinidad, de Bello o Catuche


Empezamos nuestro paseo cerca del Panteón Nacional. Allí, casi escondido, se encuentra un antiguo Samán plantado en 1753 a orillas de la quebrada Catuche que podemos imaginar en aquellos días era un lindo y cristalino río que bajaba del Ávila, árbol que según la tradición fue plantado por Juan Domingo del Sacramento Infante, albañil que construyó la primera iglesia de la Santísima Trinidad, que luego pasó a ser el edificio del Panteón Nacional, y por ello algunos lo conocen como Samán de la Trinidad.

Postal de 1920


También se le conoce como Samán de Catuche, por su cercanía a la quebrada. Para los historiadores es el Samán de Bello, porque bajo su sombra Simón Bolívar recibió clases de Andrés Bello, lo que le da mayor relevancia histórica. Bello, que solía leer y conversar bajo su sombra, le dedicó su poema “A un Samán”: "Agradábale en las aguas / ver flotar su sombra bella / mientras besaban su planta / al jugar por las praderas. / Del puro Catuche al margen, / propicios los cielos quieran / que, más felices, no escuches / tristes lamentos de guerra…”


Este Samán es también protagonista del cuadro de Tito Salas de 1930 “La lección de Andrés Bello a Simón Bolívar”, un cuadro que representa a Simón a sus 14 años, poco antes de ingresar en 1797 al Batallón de Milicias de Blancos de los Valles de Aragua, tomando lecciones del precoz Andrés Bello, apenas dos años mayor, y detrás de ellos el capuchino Fray Francisco de Andújar, fundador de una cátedra de Matemáticas en Caracas, que también fue su maestro (otros cronistas señalan que el árbol del cuadro es el que se encuentra en el patio de la Casa Natal del Libertador).

La Ceiba de San Francisco


En el centro de Caracas, frente de la Iglesia de San Francisco en la Avenida Universidad, nos encontramos una ceiba centenaria que también es protagonista de la historia de Caracas. No se sabe con exactitud cuál fue el motivo y la identidad de su sembrador, aunque existen varias hipótesis. La que mejor se sustenta en la creencia popular es que la ceiba fue sembrada en 1866 por la hija de Vicente Manzo, funcionario de la Policía de Caracas, en una de las jardineras que adornaban el paseo que iba entre el antiguo Convento de las Carmelitas, luego Palacio Federal Legislativo, y el Palacio de las Academias y la iglesia mencionada. Durante tres años la niña se encargó de cuidar su arbolito que ya para 1870 tenía tres metros de altura, según una fotografía tomada ese año. Otra versión, más del imaginario popular, asegura que Simón Bolívar, cuando concluyó en 1813 la Campaña Admirable y llegó a Caracas, recibió el título de Libertador bajo la sombra de este árbol, cosa improbable ya que la ceiba no existía en esa época.

En tiempos del Presidente Guzmán Blanco, se rodeó el tronco del árbol con una defensa de cal y canto con una estructura de madera que funcionaba como escritorio, para los comerciantes y corredores que llegaban a la ciudad, a fin de que registraran las transacciones comerciales que realizaban bajo la sombra de la ceiba. Durante 74 años se mantuvo esta tradición, hasta mediados del siglo XX cuando ya tenían una sede propia en la hoy llamada Esquina La Bolsa. La Ceiba sirvió de base para el actual logotipo de la Bolsa de Valores de Caracas, que incluye un dibujo del árbol en primer plano, con la iglesia de San Francisco y el Palacio de las Academias al fondo. Fue declarada Patrimonio Natural en el 2001 y ya tiene unos 35 metros de altura.


Los granados del Libertador


Llegamos ahora a la Casa Natal del Libertador, y nos encontramos en su interior el famoso Patio de los Granados. Durante la época colonial este pequeño árbol era considerado de buena suerte, por ello siempre se le veía sembrado en un sitio especial de las casas. Sus sabrosas frutas eran muy apreciadas y la tradición señala que era la fruta preferida del niño Simón Bolívar. El escritor tachirense Manuel Felipe Rugeles en su poema “Este Niño Don Simón” hace mención a este lugar en sus versos: “Este niño Simón Bolívar / tocaba alegre el tambor / en un patio de granados / que siempre estaba en flor”.


Es por eso que cuando visitas el Mausoleo del Libertador, adyacente al Panteón Nacional, te encuentras entre los dos edificios, unidos por una estructura de cristal, un Patio con dos hermosos Granados, que provienen de semillas originales traídas de la Casa Natal.

El Mijao de Los Palos Grandes


Para conocer otro árbol emblemático de Caracas nos vamos hacia el este de la ciudad, a la urbanización Los Palos Grandes. Los terrenos originales de esta zona eran propiedad de una hacienda en la que podía encontrar muchos Mijaos, una especie botánica nativa del país. Hoy en día podemos observar todavía algunos de estos árboles en la avenida Francisco de Miranda, a la altura del Centro Plaza.


De todos ellos, el más famoso es el que se encuentra en el edificio Mene Grande, cuya torre fue construida en 1966 y el cuerpo bajo en el frente en 1989. Entre estas dos estructuras, se ha conservado un Mijao centenario, recuerdo de los palos grandes de esa hacienda. La copa de este árbol sobresale del cuerpo bajo.

Foto de los años 60´ (google)

El consentido de los caraqueños


Ese es el Araguaney, que te puedes encontrar floreciendo por todos lados de la ciudad entre los meses de enero y mayo. Y aunque ninguno de sus ejemplares reúne la condición de patrimonio natural/histórico, sí que tiene el honor de ser el “Árbol Nacional de Venezuela” y el más buscado para protagonizar nuestras fotos de las redes sociales en el siglo XXI.


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