El Santo Grial está en León (y otros secretos de la Real Colegiata de San Isidoro)

September 15, 2018

 

El supuesto Santo Grial original. Mausoleo de antiguos reyes. La Capilla Sixtina del Románico. Una veleta que nadie suponía que era de oro y con un origen asombroso. Reliquias de santos. Todo se encuentra en un solo lugar: la Real Colegiata de San Isidoro de León. Y hasta allí me fui, a descubrir todos esos secretos que esconden los muros de uno de los lugares más famosos de León (con perdón de la Catedral).

 

Les adelanto que las visitas al interior de la basílica son libres pero la parte interesante es entrando por el Museo, donde se paga la entrada y se espera a que se forme un grupo de personas para entrar, siempre acompañados por un guía. Y no se puede hacer fotos. Pero de verdad les digo, merece la pena hacer el recorrido.

 

Originalmente construida sobre las ruinas de un antiguo templo romano dedicado al dios Mercurio, el entonces Monasterio de San Pelayo fue reconstruido y embellecido en épocas posteriores a partir de la reconquista, por los reyes leoneses, que para dar mayor esplendor a la obra hicieron traer de Sevilla los restos de San Isidoro (1603), y donaron joyas y obras de arte. Se decidió trasladar los restos mortales de reyes y reinas que se repartían por distintas localidades de León dando origen al Panteón de Reyes.  Actualmente consta de varios edificios: la Basílica, el Museo y su Panteón Real (la "Capilla Sixtina del románico"), los dos claustros, el conventual -o del Mediodía- y el de la Colegiata, la Capilla de Santo Martino, la Torre del Gallo, la Casa de Espiritualidad y el Museo Bíblico y Oriental.

 

 

Lo primero que te encuentras al llegar es su fachada y sus dos portadas románicas, la del Cordero y la del Perdón, muchas de cuyas esculturas pertenecen al s. XI.

 

El interior de la Basílica está muy iluminado gracias a grandes ventanales y en el altar mayor destaca un retablo del año 1535 frente al cual se encuentra una urna de plata con los restos de San Isidoro.

 

 

Nuevamente en el exterior me dirigí al edificio que ocupa el Museo, situado a un lado de la entrada de la basílica, y en el que como ya dije no se pueden hacer fotografías, así que recurro a las que están disponibles en la red. Este edificio se edificó sobre los restos del antiguo palacio de los primeros reyes leoneses, en el s. XII.  

 

 

En el Museo de San Isidoro se encuentra una biblioteca con de origen medieval, con 300 incunables, libros raros, 800 documentos en pergamino, 150 códices y tesoros de documentos hispánicos. Entre todas estas obras pueden destacarse una Biblia del siglo X (del 960) mozárabe, tres tomos de una Biblia románica del siglo XII, dos tomos de la obra del Santo Martino, siglo XII donde se recogen los tratados para la edificación moral de los canónigos. También se accede por el Museo a la llamada Cámara de Doña Sancha, desde donde antiguamente los reyes asistían a misa por un balcón o tribuna en la vecina basílica, y que está siendo objeto de remodelaciones las que han traído a la luz pinturas murales de aquella época del románico, muy bien conservadas.

 

 Foto tomada del periódico El País

 

 

El recorrido del Museo incluye un paseo por la galería y el atrio, románicos de los s. XI y XII. Las lápidas que se encuentran por el recorrido eran las originales de las tumbas del Panteón Real. Aquí si están permitidas las fotos,

 

 

 

Pero el Museo tiene dos secretos que justifican toda la visita. El supuesto Santo Grial y el Panteón de Reyes.

 

El Santo Grial está en León

 

Cuando entras al Museo de San Isidoro, como ya dije siempre acompañados por el guía y sin poder hacer fotos, el primer lugar al que te llevan es a una cámara especialmente iluminada, donde tienen exhibido el Cáliz de Doña Urraca, con un vidrio de seguridad. Hasta hace poco el bello cáliz, cubierto de piedras preciosas por la reina Urraca estaba en la sala de todos los tesoros de la Colegiata.

 

 Foto tomada de las muchas que se consiguen en Google

 

 

Unos historiadores recientemente anunciaron que este Cáliz de Doña Urraca era el Santo Grial original, es decir, la copa que se utilizó en la última cena de Jesucristo y que, según la tradición, tiene poderes especiales.

 

El cáliz se compone de dos copas o cuencos muy antiguos; el copón propiamente dicho y otro que le sirve de peana, son de procedencia greco-romana anterior al cristianismo, hechos en piedra de ónice. Se desconoce el origen de estas dos copas, ni por qué doña Urraca decidió entregar a los orfebres algo que materialmente no tenía gran valor y recubrirla de oro y decorarla con sus propias joyas, pero dejando visible la copa en algunas partes.

 

Dos historiadores de la Universidad de León, hicieron publicas sus investigaciones, y allí nos cuentan que fueron localizados en la Biblioteca Nacional de El Cairo unos documentos medievales que apoyan la teoría de que esta copa se trata del Santo Grial. Supuestamente, un texto traducido decía que la copa adorada por los cristianos por haber pertenecido al Mesías había sido enviada al sultán de Denia, Ali ibn Muyahid ad-Danii. El sultán de Denia había enviado un barco con alimentos al sultán fatimí Al-Mustansir para que Egipto superara una hambruna. En agradecimiento, el imán Al-Mustansir envió un barco cargado de tesoros, entre ellos la copa, al sultán de Denia. En el texto se dice que la intención del sultán de Denia era enviar la copa al rey de León, Fernando I el Magno, para fortalecer su amistad con él. En un segundo texto se habla de que el jefe de la expedición a Denia fue Bani-l-Aswad. En dicha expedición el primero de sus hombres habría desprendido con una gumía un trozo de la copa. Dicha esquirla habría sido enviada a Saladino y habría sido utilizada para curar a su hija poniéndole el trozo de piedra sobre el cuerpo. En el año 2010 la copa fue desmontada y pudo apreciarse que le faltaba una esquirla, lo cual encaja con la teoría de que es la copa enviada a Saladino.

 

La copa es preciosa aún sin conocer esta historia, y efectivamente allí te destacan como en la copa como falta un trocito de su borde, como se señala en las crónicas. El caso es que después de este estudio, la han colocado en un salón especial, y la afluencia de visitantes se ha incrementado notablemente.

 

El Panteón de Reyes: la Capilla Sixtina del Románico

 

El Panteón de Reyes es uno de los lugares más interesantes dentro de la basílica de San Isidoro. Es el lugar donde reposan los restos mortales de los Reyes de León. En total yacen aquí 33 miembros de la corte leonesa. Antiguamente cada personaje tenía su propia tumba, pero en tiempos de la invasión, las tropas de Napoleón las abrieron, diseminaron los huesos y usaron los sepulcros como abrevaderos para sus caballos. Después de esto, sólo se pudo agrupar los huesos en las pocas tumbas visibles, sin poder reconocerlos o diferenciarlos.

 

 Foto tomada de la página de información de la Colegiata

 

Lo más destacado de este Panteón, además de las tumbas, son sus columnas y sus decorados capiteles que sujetan seis bóvedas impresionantemente enriquecidas con pinturas al fresco con temas sobre la vida de Jesús y escenas de la vida diaria del siglo XIII. Es famoso el calendario agrícola donde cada mes viene reflejado por una actividad específica. Estas pinturas se encuentras en tal grado de conservación que se le ha llegado a llamar la Capilla Sixtina del Románico. Nunca han sido reformadas, sólo se han limpiado dos veces. Son las originales.

 

La Torre del Gallo: La Veleta de San Isidoro

 

Ya en el exterior nos detuvimos a contemplar la torre románica que preside el conjunto, la llamada Torre del Gallo, obra del s. XII.​ Y en lo alto de la torre, la veleta del gallo, que tiene una curiosa historia.

 

 

Fue durante siglos el símbolo más preciado de la ciudad de León. Hizo siempre las funciones de veleta sin presentar ningún problema. Se le miraba a distancia y no se conocía su historia ni el por qué ni cuándo llegó a la torre. En los primeros años del siglo XXI, al hacer la profunda restauración de la torre se desmontó esta pieza con la intención de llevar a cabo una limpieza, pero al observar lo sorprendente que era el objeto se reservó para poderlo estudiar bien a fondo. En su lugar se subió una copia fundida en bronce, que es la que se puede ver ahora sobre la torre.

 

Se llevó la pieza a los talleres de restauración y con ayuda de las nuevas tecnologías se hicieron descubrimientos asombrosos. En primer lugar, se detectaron fácilmente y en una zona visible dos agujeros de bala que, una vez estudiados, se supuso que fueron hechos durante el enfrentamiento de la Guerra de la Independencia Española contra las tropas de Napoleón. Se vio que estaba hecho de cobre recubierto de oro de tal calidad que apenas se había alterado al paso de los siglos. Otro descubrimiento fueron unas letras árabes difíciles de descifrar, hasta la fecha. Quedaba por investigar el interior del gallo, cometido llevado a cabo por el Departamento de Biología Vegetal de la Universidad de León. El estudio ofreció un testimonio sorprendente pues se averiguó que pertenecían a variedades orientales propias de la cuenca del Golfo Pérsico. A partir de estos estudios científicos todo fueron conjeturas pues no ha sido posible seguir el rastro a esta obra de arte y las hipótesis apuntan a suponer que puede tratarse de una obra traída por los musulmanes y que a partir de ahí pudo ser un obsequio, un tributo, o producto de saqueo en tiempos de la reconquista.

 

 

 

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