No importa cuántas veces la visites, Nueva York siempre te sorprende: los Claustros del MET


Ya fui varias veces a Nueva York, así que cuando se planteó la posibilidad de un nuevo viaje lo primero que hice fue investigar lugares secretos y desconocidos de la ciudad. Y así es como descubrí esta maravilla en el norte de Manhattan: la colección de arte medieval del Museo Metropolitano de Nueva York, los famosos Claustros del MET - TheCloisters.


Los Claustros del MTE es el único museo de los Estados Unidos dedicado exclusivamente al arte y la arquitectura de la Edad Media. El complejo, que alberga un museo y los jardines, debe su nombre a cinco claustros medievales europeos, desmontados y vueltos a montar en Nueva York entre 1934 y 1938, a partir de los cuales se construyó el museo: cuatro claustros de las abadías francesas de Saint-Michel-de-Cuxa, Bonnefont-en-Comminges, el convento de Trie-sur-Baïse y el monasterio benedictino de Saint-Guilhem-le-Désert; y el ábside de la iglesia de San Martín de Fuentidueña, de la provincia de Segovia de España. La colección posee más de cinco mil obras de entre los siglos IX y XV.


George Grey Barnard (1863-1938), escultor y coleccionista de arte medieval había vivido varios años en Francia, cerca de Fointainebleau, donde compartía su afición coleccionista con su trabajo de tasador de obras de arte. En vísperas de la Primera Guerra Mundial regresó a Estados Unidos y abrió un museo en 1914 para su colección de arte medieval. Años después tuvo que vender la colección por motivos económicos y es así como Rockefeller aportó, en 1924, los fondos que permitieron al MET adquirir el museo y sus colecciones, además de cuarenta obras de arte medieval propias. En 1927, el MET resolvió que se necesitaba un edificio más grande y Rockefeller se ofreció a financiar la transformación de 66,5 acres de tierra al norte del museo de Barnard en un parque público, hoy Fort Tryon Park, con el nuevo Cloisters como atracción principal. Para garantizar la belleza de este emplazamiento, Rockefeller donó terrenos adicionales al estado de Nueva Jersey para que se incorporen al Palisades Park, en la margen opuesta del río Hudson.


Los Claustros se encuentran en Washington Heights, al norte de Manhattan en Fort Tyron Park. Para llegar yo me fui en metro pues está un poco lejos del centro. Tomé la línea azul A hasta la parada 190th St. The Cloisters, que utilizando un antiguo ascensor sale a Margaret Corbin Square, lugar en el que comienza el Parque Fort Tryon. El museo se encuentra en este parque, para lo cual hice un paseo de unos diez minutos, con unas vistas muy bonitas del río Hudson. También se puede tomar el autobús M4 hacia el norte y hasta la parada siguiente. La entrada puede ser la misma que la del MET, si visitas los dos museos el mismo día (y lo mismo sucede con la New York Pass y tarjetas similares).



Mi recorrido


Cuando me fui acercando me encontré con una típica torre medieval (no es original) que dando paso al edificio del museo te da la sensación de que te has transportado desde el moderno Nueva York hasta cualquier rincón de Europa. Les contaré rápidamente mi recorrido mencionando sólo algunas de las obras que llamaron mi atención para que se hagan una idea, pero desde ya les digo que el lugar es maravilloso, lleno de obras de arte, y bien vale la pena dedicarle toda una mañana.


Capilla de San Martín de Fuentidueña (Segovia, España)

Nos encontramos primero con la Sala Románica, con unos frescos traídos del Monasterio benedictino de San Pedro de Arlanza, cerca de Burgos en España, que datan del 1220. Desde allí se accede a esta hermosa Capilla. En el año 1954 y tras largas conversaciones con el gobierno español, llegó al museo una de las mayores joyas de la colección: El ábside de la iglesia de San Martín de Fuentidueña, una iglesia románica de 1175-1200, de la provincia de Segovia y que estaba en ruinas.


El fresco que podemos observar en la cúpula de este ábside no es de Fuentidueña, sino que es de la iglesia española de Sant Joan de Tredó en el Valle de Arán, en medio del Pirineo leridano, y se estima que fue pintado entre 1130 y 1150. Estaba situado en una iglesia que en el siglo XII estuvo controlada por los mismísimos caballeros templarios y que fue saqueada y destruida en la guerra civil.


En el centro de la capilla, colgando del techo, un Cristo en madera pintada a mediados del siglo XII, representado a la manera de la época, triunfante sobre la muerte con los ojos abiertos y llevando la corona de oro de Rey de los Cielos, sobre una cruz de pino decorada también por detrás, señal de que estaría colgada en un lugar accesible desde ambos lados.


Muchas obras se encuentran en esta sala, como un portal realizado en mármol de carrara procedente de la Toscana italiana, de la Iglesia de San Leonardo al Frigido, cerca de Massa-Carrara.


Me gustó mucho una Adoración con sólo dos reyes magos en piedra extraída de la Iglesia de Nuestra Señora de la Llana en Cerezo de Riotirón (Burgos). Falta un rey mago y San José está durmiendo un rato.