De paseo por la Corduba de los romanos y la capital del Califato de Córdoba


Córdoba con su famosa Mezquita Catedral. Patrimonio de la Humanidad. Una ciudad en la que sientes la historia en cada una de sus calles del centro antiguo.


La Corduba de los romanos fue fundada en 169 aC como capital de la Provincia Bética cuando la península formaba parte del Imperio Romano. Fue, en tiempos del dominio musulmán, capital del Emirato Independiente y del Califato Omeya de occidente (756-1031), época en la que alcanzó su mayor apogeo, llegando a tener entre 250 000 y 450 000 habitantes, siendo en el siglo x una de las ciudades más grandes del mundo. El declive del califato y la las guerras internas llevaron en 1236 a la conquista de la ciudad por parte de las tropas cristianas y el rey Fernando III.


Las vistas del Guadalquivir con su puente romano; sus monumentos y sus plazas y callejones, donde convivieron judíos, árabes y cristianos durante tantos siglos; sus hermosos patios de flores y sus amables propietarios que no dudan en invitarte a conocerlos. Su gente, encantadora y tan alegre. Todo el que la visita se siente feliz y no tiene ganas de irse. Una ciudad de España que hay que visitar por lo menos una vez en la vida.


Una ruta para ver los imprescindibles


La mejor forma de conocer Córdoba es a pie, y para ello lo mejor es alojarse en el centro histórico porque te permitirá disfrutar todo lo que te ofrece de día y de noche.


Yo recomendaría dedicar la primera mañana a la Mezquita Catedral, con una visita guiada preferiblemente, porque, aunque no seas muy amante de las largas charlas históricas y artísticas, solo con una buena explicación te podrás dar cuenta de su importancia, porque es considerado uno de los monumentos más visitados de España, que no tiene comparación en ningún lugar del mundo. Edificio religioso hispanorromano, mezquita (784) y catedral después de la Reconquista (1238), conserva una fusión de elementos artísticos cristianos y musulmanes: omeyas, góticos, renacentistas y barrocos. Como datos curiosos, hasta la construcción de la Mezquita Azul de Estambul fue la segunda mezquita más grande del mundo después de la de La Meca: y, el muro de la qibla no fue orientado hacia La Meca como es tradición, sino 51º grados hacia el sur, lo que era habitual en las mezquitas de al-Ándalus. En la visita, entrarás por la Puerta del Perdón para encontrarte con el bello Patio de los Naranjos presidido por el antiguo Minarete de la mezquita y luego, decorado con elementos barrocos, torre de la Catedral.

La Puerta de las Palmas te dará paso a la Sala de Oración, encontrándote con un bosque de columnas rematadas en arcos de herradura entre las que pasearas recordando cuanta historia (y oraciones) han ocurrido en ellas. Desde esta parte, la primera mezquita, irás avanzando siguiendo las ampliaciones que los emires y califas realizaron para hacerla más grandiosa: arcos entrecruzados, dovelas, mosaicos, columnas de mármol azul y rosa, bóvedas califales, el lujoso mihrab, nicho semicircular en la pared de una mezquita indicando la alquibla, es decir, la dirección de la Kaaba en La Meca hacia donde debe dirigirse la oración musulmana.


Luego, la parte cristiana, ya que a diferencia de otras mezquitas destruidas con la llegada de las tropas cristianas, su hermosura era tal que se decidió conservarla y, después de la consiguiente misa de santificación y mucha agua bendita, construir en su interior los elementos que la convirtieran en una catedral: la Capilla Real, la Capilla Mayor con un hermoso altar, y capillas laterales con sus imágenes de santos.

Después de haber paseado, aprendido y disfrutado de la Mezquita Catedral, ya podemos seguir conociendo el centro antiguo. Podemos acercarnos al Puente Romano sobre el río Guadalquivir, del siglo I, el único puente de la ciudad por más de 20 siglos y presidido por la Torre de la Calahorra. Esta zona es muy agradable para comer y coger fuerzas para la tarde.

Siempre con la Mezquita como punto de referencia, podemos seguir por una ruta hasta el Palacio de Viana, palacio del s. XIV con sus 12 hermosos patios, y las ruinas del Templo Romano. Para ello pasaremos por plazas muy conocidas como la Plaza del Potro y su Posada, donde vivió Cervantes y las mencionó en el Quijote; y la Plaza de la Corredera, plaza porticada que ocupa el espacio del antiguo Circo Romano y que se usó como Plaza de Toros.

También podemos dirigirnos al Barrio de la Judería pero primero nos encontraremos con la fotogénica Calleja de las Flores, tan estrecha como llena de gente, la foto aquí es preciosa pero si quieres estar solo vuelve al amanecer. El trazado es el original de tiempos de los romanos y de la zona donde vivieron los judíos hasta su expulsión por los Reyes Católicos en 1492, conservado perfectamente. Sus edificios, hoy llenos de tiendas de recuerdos y restaurantes, conservan los patios originales y en muchos de ellos puedes entrar a verlos. Llegaremos hasta la Plaza de Maimónides, conocido médico y filósofo del siglo XII nacido en Córdoba, el antiguo Zoco, pasando por la casa de los Duques de Medina Sidonia y la Sinagoga, construida en el siglo XIV, hasta toparnos con la muralla de la ciudad y la Puerta de Almodovar.


Ya en otra dirección, muy cerca de la Mezquita, está el Alcázar de los Reyes Católicos, que se construyó en 1328 por orden de Alfonso XI sobre el antiguo palacio califal. Fue en este palacio donde los reyes católicos prepararon la toma de Granada que selló la reconquista en 1492 y donde se entrevistaron con Colón para oír sus planes de viajar a las Indias por occidente (llegando a América). Puedes pasear por sus jardines y murallas, y subir a la Torre del Homenaje para disfrutar de las vistas. Por esta zona también se encuentran los restos de los hamman o baños califales, del s. X, y las Caballerizas Reales, construidas en 1570, donde puedes presenciar una demostración de la destreza y arte del Caballo Andaluz, de Pura Raza Española.

Más adelante llegarás al barrio de San Basilio, donde se encuentran los principales Patios de Córdoba, seña de identidad de la ciudad además de la mezquita, patios de las antiguas casas árabes llenos de flores y fuentes y manantiales, donde se celebra en mayo el tradicional concurso desde 1918. Esta fiesta es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Vale decir que aunque no vayas en mayo, muchos de los patios abren al público durante todo el año, y ya verás cómo sus propietarios te los enseñarán encantados y te explicarán el difícil arte de regarlos, por ejemplo. Es un espectáculo único que no puedes dejar pasar. En el patio de la casa 50 de la Calle San Basilio se encuentra la sede de la Asociación de Amigos de los Patios, allí la visita es gratis, y salen muchas visitas guiadas.

Ahora ya llegas a las murallas nuevamente y la Puerta de Sevilla, para regresar a la zona de la Mezquita por la ribera del Guadalquivir, un paseo muy agradable. No dejes de pasear por la ciudad de noche, cuando sus callejones se iluminan tenuemente y la hacen aún más misteriosa, con las clases de historia que aprendiste durante el día empiezas a imaginarte antiguos personajes por las esquinas. Un buen vino y unas tapas te ayudaran a disfrutar.


Experiencias en Córdoba que harán mucho mejor tu viaje.


Puedes acercarte en las afueras de la ciudad a la antigua Medina Azahara, ciudad palatina del s. X construida por Abd-al Rahman III a los pies de Sierra Morena en honor a su favorita del harem, Azahara. Está muy bien conservada. Un poco más allá, el maravilloso castillo medieval de Almodóvar del Río, tan fastuoso que sirvió de escenario para la serie Juego de Tronos.


Trata de hacer coincidir tu viaje con alguna de las fiestas de la ciudad. Nosotros fuimos en Semana Santa y tuvimos la oportunidad de presenciar las procesiones del Jueves y Viernes Santo. Desfilan 37 cofradías por las calles del centro. Y aunque no seas muy religioso, es un espectáculo que merece la pena presenciar. En mayo son los Patios de Córdoba y las fiestas de las Cruces de Mayo. A finales de mayo, la Feria de Córdoba y en junio la Noche Blanca del Flamenco.


Disfruta su gastronomía. Un dicho del s. XIX ya decía: "Córdoba ciudad bravía/que entre antiguas y modernas/tiene 300 tabernas/y una sola librería", tabernas donde se sirven buenos vinos, prueba un Fino o una Manzanilla, y especialidades andaluzas como el rabo de toro, el flamenquín, el salmorejo, guisos de cordero con recetas árabes y el postre más popular el Pastel Cordobés, de hojaldre y cabello de ángel. También es fácil asistir a algún espectáculo flamenco. Como ves, planes no te faltarán. Al final, como nos pasó a nosotros, no tendrás ganas de marcharte y lo harás pensando en regresar lo más pronto posible.


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