Lo que se siente sentarse en el restaurant más antiguo del mundo


Viajar y celebrar, pero también conocer, experimentar. Fiel a esta premisa, me acerque en Madrid al restaurante más antiguo del mundo, en el número 17 de la calle de los Cuchilleros, justo detrás de la Plaza Mayor: Sobrino de Botín.


“En funcionamiento ininterrumpido y con el mismo nombre desde 1725” como lo certifica desde 1987 el famoso libro de los récords Guinness. La historia cuenta que un cocinero francés llamado Jean Botín llegó a Madrid junto con su esposa, de origen asturiano, con la intención de trabajar para algún noble de la Corte de los Austrias. En 1725, un sobrino de la esposa de Botín abrió una pequeña posada en la calle Cuchilleros a la que llamó “Sobrino de Botín” y realizó una reforma, de cuya obra ha quedado constancia en una piedra de la entrada en la que figura la fecha. De esta fecha data también el horno de leña de la Casa, donde se cocinan las especialidades cochinillo y cordero asado. Hay también una bodega de vinos del siglo XVI.


Por supuesto, con más de trescientos años de trayectoria, muchos clientes famosos han pasado por sus mesas e, incluso, trabajaron allí, como es el caso del famoso pintor Francisco de Goya del que dicen trabajo lavando platos. Muchos son los famosos que han disfrutado de este restaurante, especialmente escritores famosos, tanto españoles como extranjeros. Rescatamos dos de los más importantes:


El español Benito Pérez Galdós cita el establecimiento en varias de sus obras, como en Fortunata y Jacinta (1886), donde Madrid sirven de escenario para la historia de dos jóvenes mujeres, muy diferentes entre sí, enamoradas de un mismo hombre; en una de sus páginas se puede leer: “Anoche cenó en la pastelería del Sobrino de Botín, en la calle de Cuchilleros…


Y un grande de la literatura (y de la buena vida), Ernest Hemingway que siempre tuvo un especial vínculo con España y todo lo español. Cuentan que acudía con frecuencia a Botín, y llegó a entablar gran amistad con el dueño, cuyos descendientes cuentan su interés en aprender a hacer paella en su cocina. Incluyó menciones a este lugar en varias obras, como en 1932 cuando publicó “Muerte en la tarde”, un auténtico tratado de tauromaquia en el que menciona a Botín: “... pero, entretanto, prefería cenar cochinillo en Botín en lugar de sentarme y pensar en los accidentes que puedan sufrir mis amigos.”


También en Fiesta, de 1926, que en inglés se tituló The sun also rises, aparece Botín. La escena final de esta novela ha hecho famoso a este restaurant entre los turistas norteamericanos, y dice: “We lunched up-stairs at Botin´s. It is one of the best restaurants in the world. We had roast young suckling pig and drank Rioja Alta. Brett did not eat much. She never ate much. I ate a very big meal and drank three bottles of Rioja Alta.”


Su fama ha trascendido, y todos los días muchos son los turistas que se acercan a fotografiar su fachada, Antes dejan entrar a curiosear, pero son tantos los visitantes que ahora es obligatorio el consumo. Una copa de vino nos bastó para sentir esas paredes que si hablaran tendrían tantas historias que contarnos.


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